Vuelve el mal tiempo

Y vuelven las tormentas y el frío, sí, pero también los cielos interesantes cargados de nubes, las lluvias, los arco iris, los reflejos de las luces de la ciudad en el asfalto mojado… nuevas oportunidades fotográficas por todas partes, en definitiva. ¡Así que no os desániméis y sacad vuestras cámaras a la calle! Yo pienso hacerlo, así que esperad novedades en el futuro ![]()
Y ahora os dejo con un poco de metal, para empezar bien la mañana:
¡Buenos días!
Sin comentariosHambre y miedo en Siete Iglesias
Nos hinchamos a comer. Nos hinchamos a reír. Nos hinchamos a beber. Nos bañamos ilegalmente. Hice algunas fotos. No estan todas, pero ya ha perdido la esperanza de que Renata me pase las que hice con su cámara. Veremos.
Los mojitos son vuestros amigos. Amad a los mojitos como os amáis los unos a los otros. Es la verdad.
Sin comentariosPuente de las Rozas
Ante todo mis disculpas por la falta de actualizaciones que se han producido en los últimos meses. Algunas cuestiones relacionadas con el correcto funcionamiento de la máquina Anacondo merecían mi atención, y tras algunos ajustes internos ligeramente violentos parece que todo vuelve a su cauce normal, o al menos eso espero.
Volviendo al tema que nos ocupa, y para no aburrir a mis 3 lectores, comentar que el otro día estuve haciendo fotos en un puente al que tenía muchas ganas desde los tiempos en que trabajaba en Villalba ciudad sin ley, y que veía todos los días 2 veces como mínimo, pero que hasta hace una semana no me había dado por visitar cámara en ristre. Vago que es uno.
Las fotos están tomadas en dos días separados. El primero me quedé sin luz, pues me perdí intentando llegar y acabé en el bus vao sin posibilidad de dar la vuelta hasta llegar a Madrid (ir conmigo al volante es una experiencia, ya os contaré alguna anécdota graciosa) y cuando por fin llegué a las 22:30 no quedaba mucho que hacer. Así que vuelví un par de días más tarde, con unas cuantas nubes en el cielo, esperando poder hacer algo más interesante.
La verdad es que es complicado plantarse en un sitio con una cámara y un trípode y pretender que uno va a hacer algo que no se le haya ocurrido a alguien ya, pero por otra parte si ese pensamiento dominara cada uno de nuestros actos nadie haría nunca nada, ever. Así que sin pudor alguno comparto con vosotros estas obras de auténtica falta de orginalidad con la esperanza de que algún alma caritativa le de al play y no se me duerma en la tercera foto.
Por si hay alguien interesado, el puente está disponible las 24 horas del día aquí, y parece ser que se ilumina en invierno, lo cual puede resultar bastante interesante. Habrá que ir para allá alguna otra vez a pasar frío…
Por cierto, hoy me apetece decir percal y fuck subtlety. Así. que. fuck. subtlety. Percal. Cojones. Ya.
Saludos y hasta pronto.
2 comentariosOpiniones de un payaso
La vi llegar en la oscuridad. A la luz de la luna, el césped, escrupulosamente cortado, parecía casi azul. Junto al garaje ramas podadas que el jardinero había dejado amontonadas allí. Entre la retama y el acerolo, el cubo de la basura, preparado para la recogida. Viernes por la noche. Ya sabría a que olería la cocina, a pescado; también sabría qué notas encontraría, una de Züpfner sobre el televisor: «He tenido que ir a casa de F. con toda urgencia. Besos. Heribert»; otra de la muchacha sobre la nevera: «Estoy en el cine; volveré a las diez. Grete (Luise, Birgit).»
Abrir la puerta del garaje, encender la luz; en la encalada pared la sombra de un patinete y de una máquina de coser que ya no se usa. El hecho de que en el compartimento de Züpfner se encontrara el Mercedes demostraba que había ido a pie. «Respirar aire, respirar un poco de aire, aire.» La suciedad de los neumáticos y de los guardabarros revelaba que se había ido al Eifel, que por la tarde se habían pronunciado conferencias ante la Unión Juvenil («mantenerse juntos, luchar juntos, sufrir juntos»).
Una mirada hacia lo alto; la habitación de los niños también sin luz. Las casas vecinas separadas por entradas de vía doble y anchos perterres. Enfermizo el reflejo de los televisores. Es esposo y padre que regresa a casa resulta molesto igual que la vuelta a casa del hijo pródigo; no se sacrificaría becerro alguno, ni siquiera se asaría un pollo; se señalaría a toda prisa el resto de morcilla de hígado que hubiera en la nevera.
Los sábados por la tarde, cuando sobre los setos saltaban volantes, los gatitos y los perritos se iban corriendo, se devolvían los volantes, los gatitos –« ¡oh, qué monos!»– o los perritos –« ¡oh, qué monos!»– se devolvían por la puerta del jardín o a través de los claros del seto: había actos de confraternidad. En las voces se oía la irritación reprimida, jamás declarada personalmente; sólo de vez en cuando se apartaba de la curva proporcional y elevaba pinchos en el cielo del vecindario, siempre por motivos insignificantes, no por los verdaderos: cuando se rompía un platillo produciendo gran estrépito, una pelota quebraba flores al rodar, una mano infantil lanzaba guijarros a la carrocería de un coche, una manguera salpica ropa recién lavada o recién planchada, entonces gritan las voces que no pueden gritar por engaños, adulterios y abortos. «Ah, tus oídos son realmente hipersensibles; toma algo para combatirlo.»
No tomes nada, Marie.
La puerta de casa abierta: silencio y un calor muy agradable. Arriba la pequeña Marie está durmiendo. Esas cosas van así de aprisa: boda en Bonn, luna de miel en Roma, embarazo, parto: rizos castaños sobre un blanquísimo almohadon infantil. ¿Recuerdas cómo nos enseñó la casa y anunció con tanta vitalidad: aquí hay sitio para doce niños? Y como te mira de la cabeza a los pies ahora por la mañana, durante el desayuno, con el «Vaya» que no pronuncian los labios, y los sencillos correligionarios de la misma religión y adeptos del mismo partido exclaman después de la tercera copa: «De uno a doce, once.»
Corren murmullos por la ciudad. Has vuelto a ir al cine, esa resplandeciente tarde de sol has ido al cine. Y de nuevo al cine… y otra vez al cine.
Toda la tarde sola en el círculo, en casa de Blothert, no oyendo más que ca ca ca, y esta vez la segunda parte no ha sido nciller sino tólico. Esta palabra zumba en tus oídos como si fuera un cuerpo extraño. Suena a canica, y también un poco a absceso. Blothert tiene el contador Geiger que puede seguir el rastro de los católicos. «Éste lo es… éste no lo es… ésta lo es… ésta no lo es.» Es como cuando se arrancan los pétalos de una flor: me quiere, no me quiere, me quiere. Entonces los clubs de fútbol y los miembros del partido, el gobierno y la oposición se examinan según su catolicismo. Se busca como si fuera un distintivo racial y no se encuentra; nariz nórdica, boca occidental. Uno seguro que lo tiene, se ha devorado lo que tanto se desea, lo que se busca con tal vehemencia. El propio Blothert, guárdate de sus ojos, Marie. Concupiscencia tardía, ideas de seminarista sobre el sexto mandamiento, y cuando habla de determinados pecados siempre es en latín. In sexto, de sexto. Como es natural suena a sexo. Y sus queridos hijos. Los mayores, Hubert, de dieciocho años, y Margre de diecisiete, pueden acostarse un poco más tarde para que les sirva de provecho la conversación de los adultos sobre los católicos, el estado corporativo, la pena de muerte, la cual produce en los ojos de la señora Blothert una llamarada muy curiosa y eleva su voz a irritadas alturas en las que la risa y el llanto se unen de una manera sensual. Has intentado consolarte con el reposado cinismo izquierdista de Fredebeul: en vano. En vano habrás intentado enfadarte por el reposado cinismo derechista de Blothert. Existe una hermosa palabra: nada. No pienses en nada. Ni en canciller ni en católicos, piensa en el payaso que llora en la bañera, sobre cuyas zapatillas cae a gotas el café.

Del libro “Opiniones de un payaso“.
Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura 1972.
Sin comentariosBetween the Buried and Me: un concierto para recordar
Ayer un grupo de unas 300 personas y yo tuvimos el privilegio de asistir a un concierto del grupo norteamericano Between the Buried and Me, que por primera vez tocaba en España. Todos sabíamos que el directo de estos tíos era espectacular, y creo que aún así nos pillaron por sorpresa. Pocas veces me he sentido tan involucrado emocionalmente con la música en un concierto, tan llevado y movido por ella, salvo en algunos de música clásica. Y es que amigos, si vuestra música no os hace emocionaros ni sentir nada, quizás sea el momento de plantearse si no estaréis escuchando la música equivocada…
Me siento tan afortunado por poder disfrutar de la música de estos tíos, que tienen tantas cosas que ofrecer, y no quedarme en la superficie que tanto echa para atrás a la mayoría de la gente… porque detrás de todos esos berridos y aparente ferocidad sin sentido hay una sustancia, un mensaje, un objetivo. No es música banal o vacía, es música hecha por amor al arte, y no para vender discos. De hecho, por lo que he leído, durante mucho tiempo los componentes del grupo apenas lograban sobrevivir con lo que ganaban gracias a su música. Por suerte eso está cambiando para ellos, y tras un par de giras exitosas con grupos como Dream Theater ya se permiten incluso cruzar el charco, para regocijo de unos cuantos. En un mundo donde el marketing logra unir a Miley Cyrus y Metallica bajo la misma bandera, la de los vendidos al dólar, yo seguiré apoyando a grupos que todavía tengan algo honesto que ofrecer.
Sin duda un concierto para recordar, y los 18€ mejor gastados en música de toda mi vida. Os dejo con unas cuantas fotos que tiré como pude con mi compacta y un vídeo de la canción “Selkies: the endless
obsession”, cortesía de Pedro Alhambra.
Selkies empieza a partir de 1:15. Primero está el final de “Disease, injury, madness”:
Saludos.
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