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Máquinas y Almas, Edward Steichen y comida hindú

Ayer nos fuimos unos pocos al Reina Sofía a ver una exposición llamada “Máquinas y Almas. Arte digital y nuevos medios“. Por culpa de mis anteriores visitas al museo deduje equivocadamente que me iba a encontrar un truño de grandes proporciones pero, oh amigos, cuánto me equivocaba. Si bien es cierto que vi cosas bastante absurdas y otras que no me gustaron en absoluto, algunas sencillamente me encantaron, como estas esculturas hechas con electroimanes y un fluido con alto contenido en hierro (había señales de peligro para personas con marcapasos debido a los campos magnéticos que había en esa habitación):

Eso formaba parte de la exposición de Sachiko Kodama. Otra exposición que me llamó mucho la atención fue la Paul Friedlander, que jugaba con luces estroboscópicas para crear efectos muy psicodélicos pero a la vez relajantes, y de hecho había cojines en el suelo del museo para que te tumbaras a ver el espectáculo. Cuanto tenga una casa quiero esto en vez de una TV:

Otra exposición curiosa que pudimos ver fue la de Theo Jansen, llamada Stranbeest. Este colega exponía máquinas que había diseñado él a base de tubos, cuerdas y botellas de aire comprimido simulando máquinas y que los visitantes podían tocar y mover. Aquí podéis ver al que suscribe empujando una de estas máquinas por el patio interior del museo:

Lo interesante es que las patas se movían como las de un animal, pues estaban articuladas, de manera que cuando unas avanzaban y se apoyaban en el suelo otras se levantaban e iban hacia atrás. Fran grabó un vídeo de un bicharraco enorme, semejante a un dragón, que se movía él solito con botellas de aire comprimido:

Pero lo que más me gustó sin duda fue la obra de Ben Rubin y Mark Hansen, llamada The Listening Post, un espectáculo de luz, voz y música en unas pequeñas pantallas dispuestas en forma de arrays que iban reproduciendo una serie de notas musicales y frases o palabras al azar de entre una base de datos creada por decenas de miles de personas. Las frases y palabras van apareciendo en un array de 200 displays digitales y se van produciendo efectos de desplazamiento, repeticiones, pantallas que se iluminan aparentemente al azar, efectos de sonido provocados por tonos musicales que se mezclan con una cacofonía de voces… el efecto es sorprendente, debido a que estamos en una sala oscura, sólo tenuemente iluminada por la luz de las pequeñas pantallas digitales y rodeados por una docena de altavoces que provocan una interesante sensación tridimensional. Nada mejor que un vídeo para ilustraros la obra:

Otra cosa curiosa era una sala donde tenían unos ordenadores con un programa de dibujo en el que la gente podía hacer lo que le diera la gana: unos retocaban fotos suyas hechas con una webcam añadiendo cosas tan chulas como ojos o cerebros, otros se dedicaban a dibujar líneas de colores sin aparente sentido por todas partes y otros, como yo, creábamos obras de arte y se las mandábamos al artista en cuestión (desconozco el nombre) y si le gustan nos prometió incluirlas en su obra. He aquí mi obra “Truño innombrable”, que amablemente imprimieron para mí allí mismo y cuya foto os pongo aquí para que la admiréis:

Con firma y todo, para que se vea el nivel :D Bueno, en definitiva una exposición muy recomendable por lo original, divertido, interactivo y sobre todo por lo barato, jejeje (los sábados por la tarde es gratis). La tenéis disponible hasta el 15 de Septiembre, así que ¡no lo dejéis pasar!

Otra exposición que pudimos disfrutar fue la del fotógrafo Edward Steichen, al parecer uno de los mejores que han existido. La exposición es sencillamente impresionante, y algunas de las fotografías me dejaron con la boca abierta, en particular sus retratos y una serie sobre la Segunda Guerra Mundial, de las cuales apenas he encontrado un par de fotos en internet. Merece la pena acercarse sólo por ver esas fotografías. Visita obligada para todos los aficionados a la fotografía. La tenéis hasta el 22 de Septiembre. Os dejo unos ejemplos del arte de este hombre (la de las cerillas nos flipó a Fran, Sergio y a mí):

Después nos fuimos a ponernos hasta el culo de comer, como es habitual en nosotros. Clara y Sergio nos llevaron a un restaurante hindú donde comimos bastante bien aunque no eran especialmente amigos de las prisas, y luego nos fuimos a tomar unos mojitos y a la cama. Os dejo con unas fotos del fin del día:

¡Saludos a todos!


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