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Archivo de 06/2009

Trucos fotográficos – La sensibilidad y el Auto ISO

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Originalmente una cámara no era más que un elemento fotosensible y un agujero para que entrara la luz. Cien años más tarde, el concepto básico no ha cambiado: un elemento fotosensible (el sensor de nuestra cámara) y un agujero para que entre la luz (nuestro objetivo).

La fotografía depende, sobre todas las cosas, de la luz. Sin luz no hay fotografía, y si la cantidad de luz que entra en nuestra cámara es la incorrecta, nuestra fotografía quedará muy oscura (subexposición) o completamente quemada y blanca (sobreexposición).

No todas las escenas requieren la misma luz. Dentro de una iglesia necesitaremos que la cámara recoja más luz (exposición más larga) que en la calle en un día soleado (exposición más corta). Hay tres factores que determinan la cantidad de luz que llega a nuestro objetivo: la apertura del mismo (el número f), el tiempo de exposición en fracciones de segundo (1/60s, 1/200s, etc.) y la sensibilidad, también conocida como ISO.

Como decía, nuestra cámara consta de un elemento fotosensible, es decir, sensible a la luz. En la época del carrete la sensibilidad se cambiada utilizando distintos tipos de carrete, pero en la era digital esa sensibilidad es una variable más de nuestra cámara, y podemos ajustarlo a nuestras necesidades en cada momento. En el libro “Understanding Exposure” de Brian Peterson hay una explicación magnífica sobre la sensibilidad, donde la compara con un cubo de agua. A priori nuestro sensor es un cubo vacío, y para que la foto quede correctamente expuesta tenemos que llenar de agua (luz) ese cubo. Una sensibilidad baja (ISO 100) equivaldría a una manguera muy fina, con poco caudal de agua. Una sensibilidad alta (ISO 1600) equivaldría a una manguera de bomberos, con un caudal de agua impresionante. De esta manera, para llenar el mismo cubo tardaríamos mucho menos tiempo con la manguera de bomberos (ISO 1600) que con la manguera fina (ISO 100). Es decir, a una sensibilidad muy alta nuestra cámara es más rápida capturando luz que a una sensibilidad muy baja. O lo que es lo mismo, tarda menos tiempo para capturar la misma cantidad de luz. ¿Y qué tiempo es ese? Pues es, precisamente, nuestro tiempo de exposición.

Los valores ISO más comunes son los siguientes:

ISO 50 – ISO 100 – ISO 200 – ISO 400 – ISO 800 – ISO 1600 – ISO 3200 – ISO 6400

Como vemos, cada uno es el doble del anterior. ¿Qué significa esto? Que a ISO 50 nuestra cámara será el doble de lenta capturando luz que a ISO 100. De la misma manera, a ISO 100 nuestra cámara será el doble de lenta capturando luz que a ISO 200, y cuatro veces más lenta que a ISO 400. ¡Y dieciséis veces más lenta que a ISO 1600! ¿Empezáis a comprender las implicaciones de todo esto? ¡A ISO 1600 necesitaremos 16 veces menos tiempo para capturar una escena que a ISO 100! Si todavía no lo entendéis, voy a intentar rematarlo todo a continuación.

Cuando hacemos una fotografía intentamos casi siempre que no salga movida. Hay pocas cosas más frustrantes que preparar minuciosamente una foto para comprobar más tarde que ha salido movida, aunque sea ligeramente. Salvo que vayamos buscando ese efecto a propósito, es algo que no nos gusta a ninguno :) Pues bien, una fotografía movida es casi siempre el resultado de una baja velocidad de disparo (por ejemplo, 1/15s.). ¿Y a qué se debe esa baja velocidad? A que, con la luz disponible en ese momento, la cámara necesitaba estar mucho tiempo capturando luz. Esto puede deberse a que estábamos dándole luz con una manguera muy fina (un valor ISO muy bajo) o a que la luz disponible era muy escasa. ¿Cómo podríamos haberlo solucionado? Muy sencillo. Ya hemos visto que cada valor ISO es el doble o la mitad que el anterior, lo cual quiere decir que la cámara será el doble o la mitad de sensible a la luz. ¿Y sabéis a qué afecta esto también? ¡Exacto! Al tiempo de exposición. Si nuestra cámara está disparando a 1/15s en ISO 100, ¡será capaz de capturar la misma luz en 1/60s a ISO 400! Y es muy posible que a 1/60s nuestra foto ya no salga movida, con lo cual el resultado habría sido completamente satisfactorio (en general se considera que 1/60s es el tiempo de disparo mínimo para hacer fotos a mano (sin trípode) y que no salgan movidas).

Por tanto, y si lo hemos comprendido todo, podemos hacer un resumen: la sensibilidad ISO afecta al tiempo que nuestras cámaras necesitan para capturar la luz de una escena. Aumentar y reducir estos valores ISO suponen reducir o aumentar nuestro tiempo de exposición, de manera que podamos hacer fotografías que no salgan movidas en diferentes condiciones de iluminación.

¡Genial!, pensaréis algunos. ¡Voy a dejar mi cámara siempre en ISO 1600, y así nunca volveré a hacer una foto movida! Bien, es una posibilidad, pero aumentar la sensibilidad tiene una desventaja importante, que es una reducción más o menos drástica en la calidad de imagen. El sensor de nuestra cámara está diseñado para trabajar a una sensibilidad base determinada, en general ISO 100 o ISO 200. Para trabajar por encima de esa sensibilidad debe hacer un proceso interno de amplificación de la señal, lo cual significa introducir interferencias, o lo que es lo mismo, ruido. Esto se traduce en que una foto a ISO 1600 no será tan atractiva a la vista como una foto a ISO 100. Veamos un ejemplo a continuación:

La fotografía anterior está tomada a la sensibilidad base de mi cámara, ISO 200. A esta resolución tan pequeña no se aprecia ninguna clase de ruido. Si pasamos el ratón por encima podemos ver la misma foto hecha a ISO 1600, y si nos fijamos bien podemos ver un poco de ruido, especialmente en las partes más oscuras (sombras). Es posible que muchos de vosotros no percibáis una diferencia notable entre estas dos fotografías, pues como decía la diferencia no es tan clara a un tamaño tan pequeño. Pero vamos a ver qué ocure cuando observamos un recorte al 100% de la fotografía anterior:

De nuevo la misma imagen, esta vez al 100%, a ISO 200 y a ISO 1600 si pasamos el ratón por encima. Veis la diferencia, ¿verdad? Fijaos también en el aumento de la velocidad de disparo, ¡1/1250s a ISO 1600 frente a 1/160s a ISO 200! Es es mucho más rápido, aunque el ruido es un problema… Pero no os preocupéis demasiado, muy pocas veces vais a observar vuestras fotos al 100%, y a la hora de imprimirlas en papel el ruido no es tan aparente. Lo que sí es cierto es que aumentar la sensibilidad reduce el rango dinámico, los colores pierden tonalidad y tenemos mucho más “grano” o ruido. ¿Pero hasta qué punto es aceptable? La decisión depende de cada uno: ¿quiero que mi fotografía salga un poco movida, pero con mayor calidad? ¿O prefiero que salga perfecta, aunque tenga un poco más de ruido? Hay mucha gente que no ve ningún problema con las fotos de su cámara a ISOs altas, sobre todo los usuarios de cámaras réflex. Debido al mayor tamaño del sensor, los niveles de ruido son mucho menores que los de una cámara compacta, lo cual nos permite tomar fotos mucho más limpias con poca luz sin usar un trípode. Por el contrario, para muchos usuarios de compactas aumentar la sensibilidad no es una opción, pues los resultados suelen ser abismales.

Conclusiones e introducción al Auto ISO

Bien, como hemos visto nuestra cámara pone a nuestro alcance una herramienta, la sensibilidad, que nos permite tomar fotografías a una velocidad adecuada en un montón de condiciones de luz diferentes. También hemos visto que aumentar la sensibilidad puede repercutir negativamente en la calidad de imagen, con lo cual debemos tener cuidado a la hora de usar esta herramienta. Así, usaremos valores ISO bajos (100 y 200) cuando estemos en la calle durante un día soleado. Cuando necesitemos parar el movimiento y velocidades de disparo altas (como 1/500s y superiores) nos veremos obligados a subir hasta ISO 400 o incluso 800 (valores normales para los reporteros que cubren eventos deportivos). Y por último, para fotografías en interiores con poca luz y donde no esté permitido el uso de flash (iglesias, museos, etc.) nos veremos obligados a utilizar los valores más altos de nuestra cámara como ISO 1600 e incluso ISO 3200, los peores en cuanto a calidad de imagen. Entiendo que puede parecer un poco lioso, pero si comprendéis bien los conceptos anteriores seréis capaces de moveros por las diferentes sensibilidades de vuestra cámara con comodidad, y hacer mejores fotografías en casi cualquier condición de luz.

La buena noticia es que en muchas cámaras modernas ya hay una función de la cámara que elige la sensibilidad más adecuada para una escena por nosotros, ahorrándonos tomar esa decisión si no nos sentimos cómodos o seguros. Esta función recibe el nombre de Auto ISO. En las Nikon réflex es totalmente configurable, y funciona a la perfección. Yo lo uso continuamente, sobre todo cuando viajo, y el número de fotografías movidas que tengo al final es muy pequeño gracias a esta funcionalidad. ¡Y creedme, es mejor una fotografía perfectamente enfocada aunque con ruido de un sitio que probablemente nunca más vayáis a visitar que una fotografía movida o ninguna fotografía en absoluto!

Configurando el Auto ISO en las réflex Nikon

La siguiente explicación corresponde a las cámaras réflex de la marca Nikon, pues no tengo acceso a ninguna otra marca. De cualquier manera es un sistema que sé que existe en otras cámaras, como por ejemplo Canon, así que os animo a los Canonistas y ususarios de otras marcas a leer mi explicación y buscar en vuestras cámaras o vuestro manual unos ajustes parecidos que os permitan obtener los mismos resultados.

Por lo que sé esta explicación debería valer para cualquier Nikon desde la D50 a la D3x, pero es posible que en modelos superiores haya algún parámetro más, aunque la configuración básica debería ser la misma. Si hay algún otro parámetro que no aparezca aquí os aconsejo que lo busquéis en el manual de vuestra cámara.

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Lo primero que debemos hacer es pulsar el botón Menú y entrar en las opciones del lapicerito (Custom settings). El valor que buscamos es ISO auto. Si está en OFF debemos activarlo pulsando OK y activándolo dentro de las opciones. Si ya está en ON pulsamos OK de todas formas, pues vamos a ajustarlo perfectamente a nuestras necesidades.

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Desde este submenú podemos activar, desactivar y configurar algunos parámetros del Auto ISO. Si lo teníamos desactivado marcaremos la opción ON y pulsaremos OK. Si ya lo teníamos activado vamos a pasar a la siguiente opción, Sensibilidad máxima (Max. sensitivity).

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Seleccionamos Max. sensitivity y pulsamos OK.

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Dentro de este menú podremos seleccionar el valor ISO máximo que deseamos que la cámara seleccione. Mucha gente no se siente cómoda con la calidad de imagen usando ISO 1600, y por ello seleccionará ISO 800 como tope. Mi consejo es dejarlo en ISO 1600, pues aunque sólo aparezcan tres valores en el menú (ISO 400,800 y 1600) la cámara es capaz de utilizar fracciones de esos valores, como ISO 250, 360, 500, 640, 900, 1000, 1250, etc. Es decir, la cámara sólo usará ISO 1600 en los casos más extremos, pero si seleccionamos un valor máximo de ISO 800 estaremos limitando a la cámara, pues no podrá seleccionar valores como ISO 900, 1000 o 1250, que pueden salvarnos una fotografía y no ofrecen una calidad de imagen tan mala como ISO 1600. Una vez seleccionado el valor máximo pulsamos OK, lo cual nos devuelve al menú anterior.

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Por último, vamos a ajustar el que probablemente sea el valor más interesante de todos, la Velocidad mínima de disparo (Min. shutter speed). Lo seleccionamos y pulsamos OK.

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Una vez dentro se nos ofrecen una serie de valores, en forma de velocidades de disparo. Debemos elegir el valor mínimo con el que nos encontremos a gusto para hacer fotografías que no salgan movidas con el objetivo que estemos usando en ese momento. Es decir, si vemos que con un objetivo podemos hacer fotos a 1/30s sin que salgan movidas, pero si bajamos a 1/15s obtenemos malos resultados, debemos seleccionar 1/30s en este menú. Esta decisión es crucial, pues la cámara aumentará la sensibilidad automáticamente si detecta que la escena que tenemos delante no puede ser capturada correctamente a la velocidad mínima de disparo que hemos seleccionado. Como nuestro objetivo es reducir las fotos movidas, debemos seleccionar un valor del que estemos muy seguros, y volver a tomar la misma decisión cuando cambiemos de objetivo. Este último consejo es muy importante, pues es mucho más difícil tomar fotos a una velocidad baja como 1/30s con un objetivo de 35mm que un teleobjetivo de 200mm. Si no estamos muy seguros de la velocidad mínima que debemos elegir, existe una regla: utilizar la velocidad más similar a la distancia focal del objetivo. Así, si estamos disparando con un 18mm seleccionaremos 1/15s o 1/30s, dependiendo de nuestro pulso. Si estamos usando un 50mm, seleccionaremos 1/60s. Si tenemos un 200mm, seleccionaremos 1/200s, etc.

¿Qué ocurre si estamos usando un zoom? Mi consejo es seleccionar una velocidad intermedia, y aumentar el valor mínimo según vaya anocheciendo. Por ejemplo, de día tengo seleccionado un valor mínimo de 1/30s con mi Nikkor 18-200mm VR, pero cuando empieza a anochecer subo ese valor hasta 1/60s para no empezar a perder fotos.

¡Y hasta aquí mi explicación! Espero que hayáis entendido los conceptos y que os hayan resultado interesantes. El Auto ISO es uno de los sistemas más útiles en nuestras cámaras para obtener mejores fotos, y es conveniente entenderlo y ajustarlo a nuestras necesidades para obtener lo máximo de él. Por desgracia viene desactivado por defecto (si no recuerdo mal), así que es posible que mucha gente ni haya oído hablar de él. ¡Espero que ahora podáis sacarle el máximo partido y dejéis de perder fotos y momentos valiosos!

Un saludo.

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Mi primera boda en el extranjero

Y fue así como un buen día mis amigos Sasha y Vitek, con los que ya compartí vivencias en mi viaje a Suzdal y Vladimir, me invitaron a su boda, en Moscú, el pasado mes de Abril. Gracias a mi amiga Chilindrina encontré un vuelo de ida y vuelta por 77€ (todo incluído), que sumado a los 100€ del visado resultaron en una suma ridícula para viajar allí.

No tuve tanta suerte para las fechas, sin embargo. Mi avión salía a las 23:55 del Viernes, y la boda se celebraba a partir de las 14h del Sábado, así que mi margen de descanso iba a ser corto. El día interior dormí unas pocas horas para estar cansado en el avión y lograr dormir, pero por culpa de las estrecheces y la incomodidad del asiento (el Airbus A319 es enano), de un niño que no paraba de berrear y de un grupo de anormales (véase españoles) que no paraban de gritar y reír (como si de unos animales fuera de su jaula se tratase) no pude pegar ojo en todo el viaje.

Aterrizamos en Domodedovo una hora antes de lo previsto. Tras cambiar un poco de dinero me puse a buscar mi autobús y pregunté a una chica de un puesto de información, que me miró con cara de no haber visto nunca un extranjero. Dijo algo parecido a “english” y yo asentí, me hizo una señal para que la acompañara y me llevó a un despacho, donde tras chapurrear un poco en inglés con otra chica entendí más o menos donde estaba mi parada. Agarré mi maleta y salí a buscarla.

Ya en la calle me puse a buscar una parada de autobuses, pero no encontré nada parecido. Tenía que tomar un autobús de línea, como los que tenemos en España. Había visto fotos y estaba preparado para reconocerlo por su aspecto. Pero en la calle no había más que furgonetas y coches, y una miríada de paisanos ofreciéndose a hacer de taxi. Ya un poco nervioso, me puse a busar entre las furgonetas, recordando algo que había aprendido en un viaje anterior, y que creo resume muy bien el caos que puede llegar a ser Moscú. Resulta que, aunque allí existe el transporte público (autobuses, trenes, taxis, etc.) hay personas que compran una furgoneta (en amarilo en la foto), le plantan una pegatina con un número y se ponen a hacer la competencia a los transportes del estado, dando un servicio supuestamente más rápido y un poco más caro. Al principio resulta un poco asombroso, pero cuando llevas allí una semana y compruebas que todo el mundo lo ve como algo perfectamente normal dejas de darle importancia. El caso es que allí no había ningún autobús “de línea”, y como no tenía ni idea de cuándo llegaría (ni podia preguntar) y hacía bastante frío (eran las 7 de la mañana) decidí meterme en una de estas furgonetas particulares, tras reconocer mi número y el nombre de mi destino. Mr. Conductor me ayudó a subir mi maleta y me dispuse a esperar.

Durante los siguientes 15 minutos pude contemplar gente subiendo y bajando de allí, y en una ocasión una señora se bajó corriendo y subió a otro autobús, ¡mi autobús de línea! Busqué a mi conductor con la mirada, y el tío estaba fumándose un cigarrillo y no tenía pinta de tener mucha prisa por salir. Otra señora bajó y se puso a gritar con él. El hombre dijo algo en ruso y se encogió de hombros, tras lo cual la señora se bajó de allí y se fue a esperar a la calle. Unos minutos más tarde llegó otro autobús de línea, así que yo me bajé de allí y le hice señas a aquel hombre para que abriera la puerta trasera para coger mi maleta. El tipo se me quedó mirando unos segundos, pero me dió mi maleta sin decir nada. Corrí al otro autobús, pagué los 80 rublos del viaje y me senté. Poco después el autobús arrancó y nos pusimos en marcha, y pude ver por la ventanilla como mi amigo todavía seguía allí sin inmutarse, fumando sus cigarillos. Entonces lo entendí: los servicios de línea tienen un horario que cumplir y una ruta fijada, independientemente del número de pasajeros. Pero a un conductor particular no le compensa viajar con la furgoneta vacía, así que mi amigo tenía buenas razones para esperar.

Ya en el centro me dispuse a esperar a Tatyana, la madre de Olga. Cerré bien mi abrigo y me senté en una marquesina de autobús, y para intentar no dormirme me puse a quitar el embalaje plástico de mi maleta. Tatyana llegó al rato y me recibió con un abrazo y un beso, y se ofreció a llevar mis bultos. Que encanto de mujer) Su bondad y simpatía me hicieron olvidarme rápidamente del asunto de los autobuses. Durante el viaje hacia su casa charlamos un poco y pude dormir unos minutos.

Ya en su casa me ofreció desayunar, pero decidí darme una ducha antes. Necesitaba despejarme. Tenía 2 horas para arreglarme antes de salir, junto a Lena y Alejandro, hacia el lugar de la celebración, así que decidí darme prisa. Saqué el traje de mi maleta y comprobé con estupor que estaba todo arrugado, al igual que la corbata y la camisa. Contrariado, le pregunté a Tatyana si podría hacer algo con ese desastre mientras me duchaba, y cuando acabé todo estaba como recién comprado. Tatyana es la mejor) Después nos vestimos y nos preparamos, pero antes de salir me dijeron que teníamos que comer un poco, pues después de la boda tardaríamos unas 4 horas en comer. Les dije que no tendríamos tiempo para llegar, pero insistieron en ello. Los moscovitas comen muchísimo)) Ni que decir tiene que perdimos nuestro tren y tuvimos que ir allí en taxi))) Pero hubo suerte y llegamos unos 15 minutos antes de que empezara todo, y entramos a una tienda para comprar flores a los novios y ofrecérselas como regalo tras la ceremonia. Aproveché que tenían un espejo y me puse mi corbata, pues no había tenido tiempo en casa por culpa de mi cinturón (había olvidado hacerle el agujero cuando lo compré, así que perdí unos minutos preciosos intentando agujerearlo con unas tijeras, aunque al final tuve éxito).

Cuando llegó nuestra comitiva saludé a los novios, que estaban radiantes. El resto de nuestro grupo estaba formado por familiares y amigos, unas 15 personas en total, y tras las debidas presentaciones y unas palabras en inglés aquí y otras en ruso allá nos dirigimos al centro de registro donde tendría lugar la ceremonia. Por supuesto allí dentro no me enteré de nada en absoluto, pero fue una bonita ceremonia, sobre todo por la espontaneidad de los novios y lo evidente de su amor, que estaba a flor de piel. Colocaron sus anillos, se besaron, firmaron sus documento y ocurrió. Se desencadenaron muchos besos, risas, lágrimas y abrazos, nos hicimos algunas fotos, les ofrecimos nuestras bendiciones y nuestras flores y les dejamos tranquilos para que siguieran con su protocolo. Les esperamos en la calle, cargados de pétalos de flores, y cuando el novio salió, radiante, con su mujer en brazos nosotros les arrojamos nuestros proyectiles de cariño y enhorabuena.

Después se sucedieron una serie de antiguas tradiciones rusas protagonizadas por los novios, como lanzar unas palomas blancas al vuelo, dejar las flores en un monumento a la guerra (una especie de llama eterna), brindar con champán y lanzar las copas de cristal hacia atrás (recogiendo luego los cristales, pues había niños jugando cerca), cruzar un puente juntos, con la novia en brazos del novio y comer un pan especialmente preparado para la ocasión, sin usar las manos, de manera que el que arranque la porción mayor con la boca (dice la tradición) será el cabeza de familia. En este caso ganó la mujer)) Sin embargo, no todo eran tradiciones, y de hecho la atmósfera era muy desenfadada y gamberra, más parecida a una fiesta entre amigos que a las bodas a las que yo estoy acostumbrado. Se sucedieron escenas muy divertidas, increíbles para mí, como la novia pidiendo la bicibleta a unos niños y pedalendo, tan feliz, mientras el fotógrafo corría detrás. O cuando los novios se pusieron a jugar en un parque con columpios, sin importarles las arrugas o la suciedad de sus prendas. Fue muy agradable comprobar que más allá del protocolo y las apariencias, allí lo que imperaba era la felicidad y las ganas de pasarlo bien.

Pero retrocedamos un poco. Antes de todo eso nos dividimos en dos grupos, y una parte de la gente se fue al restaurante a ultimarlo todo y otra parte nos quedamos con los novios, para acompañarles por su periplo de tradiciones y lugares para hacer fotos. Sasha me invitó a unirme a ellos en el coche nupcial, a lo que yo acepté encantado. Nos dirigimos a un parque para que Viktor, el fotógrafo de la boda y amigo de los novios, les hiciera una sesión. Nos movíamos en coche entre los sitios y en el maletero había comida y bebida, y brindábamos a cada paso con champán y vodka, como si de un botellón se tratase. En un momento determinado me invitaron a hacer un brindis por los novios. Yo acepté, dije unas palabras bastante solemnes en inglés y todos nos echamos el vodka al coleto. Hicimos un montón de fotos y nos dirigimos al restaurante.

El sitio era pequeñito, un restaurante a las afueras de Moscú, cerca del lugar de residencia de los novios. Cuando llegamos la mesa estaba llena de comida y flores que Olga se había encargado de comprar y poner allí, pues desempeñaba una labor de organización durante la boda de su amiga, lo cual la mantuvo ocupada durante gran parte del día. Durante la comida estuve muy bien acompañado por Viktor, el fotógrafo, que hablaba inglés; su hermana Nastya (nunca adivinaríais su edad) y su amigo Alexei, además de Alejandro y Lena. La comida fue muy rica y divertida, los chistes se sucedieron y la gente empezó a interesarse por mí y a hacer preguntas, e incluso participé en un par de bromas. Mientras tanto Alejandro se iba encargando de llenar mi vaso de vodka, y yo no supe decirle que no)) Para cuando acabó el banquete debía llevar unos 15 chupitos de vodka encima, pero milagrosamente no me caía al suelo. Después empezamos a bailar, a hacer el tonto, a darles a los novios sus regalos (yo preparé un album de fotos con la ayuda de Olga y Viktor, con fotos hechas por los novios, Viktor y yo mismo, que les gustó muchísimo y les emocionó) y a jugar a unos cuantos juegos muy divertidos que ellos preparan para entretener a los invitados en estas ocasiones, y durante los cuales reí sin parar a pesar de que no me enteraba de nada :)

Yo lo estaba pasando genial y me sentía muy integrado. Las chicas me sacaban a bailar y no parábamos de reír, beber, jugar y hacer fotos mientras la noche caía poco a poco. Todo era muy espontáneo y la gente estaba disfrutando de manera sincera. En un momento dado (tras un intento fallido de preparar un Karaoke por mi parte, debido a un problema informático), Alexei sacó su guitarra y los músicos de la sala comenzaron a tocar canciones. Viktor dedicó una canción a los novios mientras Alexei tocaba la guitarra, y después los padres de la pareja se atrevieron a hacer un dueto. Incluso la mismísima novia se atrevió a tocar, lo que para mí fue una escena inaudita. El día acabó con los novios tocando juntos, como una metáfora musical del matrimonio. Todos volvimos a casa felices, los novios iniciaron su nueva vida en común y yo pude dormir por fin :)

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¡Nikon D40 nueva en stock!

La Nikon D40, probablemente la cámara réflex digital más vendida de la historia y considerada objeto de culto por muchos por su excelente resolución, color, calidad de imagen y bajo nivel de ruido fue tristemente descatalogada por Nikon hace unos meses. En su lugar tenemos modelos como la D60, la D90 y la reciente D5000 que, por mucho más dinero y más peso (en el caso de la D90 y la D5000) no hacen mejores fotos que una D40, al contrario de lo que Nikon o cualquier vendedor os quieran hacer creer. Los megapixels no importan, nenes. Todas las diferencias entre cámaras se desvanecen en cuanto imprimes las fotos en papel o las redimensionas a 800×600 para usarlas en internet. Entonces te da igual tener una Nikon D3 con un 24-70mm f/2.8 (5.000€) o una Nikon D40 y el excelente 18-55mm que viene con ella (300€). Lo voy a decir otra vez, por si alguien no se ha enterado todavía: 6 MEGAPIXELS SON SUFICIENTES PARA EL 95% DE LAS PERSONAS. ¿Sabéis para lo que sirven 12 megapixels? Para tener ficheros monstruosos de 7-8 megas (y RAW de 10-12) que hacen que vuestras tarjetas de memoria se llenen en la mitad de tiempo y vuestros ordenadores las procesen el doble de lento. Salvo que vayas a empapelar tu casa con fotos y necesites imprimir en tamaños gigantescos, una D300 no te va a ayudar a hacer fotos más interesantes, así que mi consejo es que te ahorres la diferencia y te la gastes en un buen flash o un viaje.

Por desgracia, la sustituta natural de esta cámara, la D5000, es más cara (750€), más pesada y más grande, perdiendo el espíritu de la D40 original: una réflex muy ligera y compacta con el mejor sensor de 6 megapixels del mercado y un precio sensacional. Sólo la D60 (10 megapixels) se acerca, aunque por 150€ más. La gente ignorante se deja engañar y compra la cámara cara con la esperanza de hacer mejores fotos. La gente inteligente se informa de sus necesidades reales y se ahorra 150€, o bien se compra un buen flash. El problema es que hoy en día es casi imposible encontrar una Nikon D40 nueva, teniendo que recurrir al siempre oscuro ámbito del mercado de segunda mano.

Pero hoy ha llegado a mi casa un panfleto publicitario de una tienda llamada Worten. Parece una especie de Media Markt y tiene unas cuantas tiendas en España, y en particular 4 en Madrid: Alcalá de Henares, Getafe, Alcorcón y San Sebastián de los Reyes. Mi sorpresa ha llegado al ver la sección de fotografía del folleto, y encontrarme con lo siguiente:

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CÁMARA RÉFLEX NIKON D40 + 18-55mm DX por 299€

(con posibilidad de financiación a 10 meses sin intereses)

Si estas buscando una buena cámara réflex esta puede ser una de tus últimas oportunidades de comprar la mejor en relación calidad-precio. ¿Te gusta la fotografía y no estas contento con los resultados de tu compacta? ¿Tienes un presupuesto de alrededor de 1.000€ y no sabes qué comprar? Te contaré el secreto que ningún vendedor a comisión ni la propia Nikon quieren que sepas: La Nikon D40 con el objetivo 18-55mm + el teleobjetivo 55-200mm VR + el flash SB-400 + una tarjeta SD de 8 gigas puede ser todo el equipo fotográfico que necesites en mucho, mucho tiempo, ¡y todo por menos de 700€!

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50.000 fotos con mi Nikon D40

Hace poco superé la barrera de las 50.000 imágenes en mi querida Nikon D40. Parece ser que 50.000 es el número a partir del cual el fabricante deja de garantizar el correcto funcionamiento del mecanismo de disparo (el que, en una cámara reflex, levanta el espejo para que la luz incida directamente en el sensor). Esto significa que, según los datos de las pruebas realizadas en las fábricas de Nikon, la media de estos mecanismos fallaron a los 50.000 disparos. Es decir, que habrá cámaras que dejen de funcionar a los 10.000 y habrá cámaras que funcionen hasta los 100.000. En realidad es una lotería, pero este número suele ser un indicador de la durabilidad de estas cámaras. La gama profesional, por ejemplo, suele estar garantizada por 150.000 disparos. He aquí los números de algunas de las Nikon más populares:

  • Nikon D40, D40x, D60, D50, D70, D80: 50.000 disparos
  • Nikon D200, D90, D5000: 100.000 disparos
  • Nikon D300, D700: 150.000 disparos
  • Nikon D3, D3x: 300.000 disparos

Imagino que otras marcas tendran números similares en función de la gama. Así que puedo decir que mi cámara, que compré ya hace 2 años antes de irme a Japón, ha entrado en su tercera edad o en tiempo de descuento. Ya me ha hecho un par de extraños alguna vez, desde ruidos raros a la hora de reconocer una lente a imposibilidad de grabar imágenes en la tarjeta de memoria. Pero en estos dos años me ha servido de manera espléndida, y aunque en algunos momentos he deseado tener algo mejor estoy muy contento con los resultados y me parece dinero bien invertido (pagué 540€ por la cámara + el objetivo 18-55mm en El Corte Inglés).

Cosas que he aprendido

Lo que voy a decir a continuación son mis reflexiones y puede que no todo el mundo esté de acuerdo con ellas. Las cámaras digitales son instrumentos magníficos para capturar imágenes que muy poca gente utiliza para hacer fotografías. ¿Y cómo es eso? Pues bien, estos aparatos han conseguido (y esto es algo bueno) que la fotografía sea algo relativamente barato en comparación con la fotografía analógica convencional. Capturar una imagen no cuesta nada, y visualizarla tampoco. Podemos ver de manera instantánea los resultados, y repetir si es necesario hasta obtener lo que queremos. Las nuevas cámaras son cada vez más rápidas y permiten capturar entre 5 y 9 imágenes por segundo. Vienen con sistemas de reconocimiento facial, medición de luz y control de vibraciones, y en algunos casos lentes muy baratas que incorporan 50 años de ingeniería óptica en un pequeño paquete de plástico de no más de 200g de peso y que permiten hacer fotografías impensables hace unas décadas gracias a los bajos niveles de ruido de estas cámaras a altas sensibilidades (ISO 800, 1600, 3200, etc). Pero estos artilugios, pese a su facilidad de uso e incuestionable conveniencia, todavía no hacen buenas fotos por nosotros. Pueden capturar imágenes con buenos colores, muy buena nitidez y un foco perfecto, lo cual es genial cuando quieres una foto rápida con los amigos o estás de viaje, pero no disponen de ningún sistema para capturar una escena interesante con la luz adecuada y en el momento oportuno, de manera que nuestra fotografía tenga un significado o un mensaje claro para todo el que la vea. Muchos de nosotros intentamos suplir esa carencia utilizando los puntos fuertes de las digitales: tomando 50 fotografías en ráfaga, con la esperanza de que alguna salga bien; disparando en RAW para luego corregir la foto más tarde en el ordenador; o disparando a todo lo que se mueva con la esperanza de obtener una buena foto por pura casualidad. Casi todos pertenecemos o hemos pertenecido a los 3 grupos.

El mundo de la fotografía digital está más relacionado con la informática que con la fotografía tradicional. Internet está plagado de aficionados a las cámaras y los objetivos, pero no a la fotografía en sí. Muy poca gente se preocupa por aprender o mejorar su técnica, y la mayoría solo piensan en comprar objetivos o cámaras más caras con la esperanza de poder hacer mejores fotos. Gran parte hace las fotos pensando en cómo las va a retocar en el ordenador más tarde, en vez de preocuparse por crear la foto deseada en el momento adecuado, que es cuando disparamos. Cuando no obtenemos los resultados deseados echamos la culpa a nuestra cámara o nuestros objetivos, y nos mentimos pensando que si tuviéramos esa lente de 1000€ la cosa cambiaría mucho.

Yo mismo he pasado por todos estos estados, y he aprendido de ellos. Estoy cansado de volver de un viaje y tener que ponerme a procesar 500 o 1.000 fotos. Cansado de tener que corregir por software los errores que cometí en el momento de hacer las fotos. Desde que descubrí Lightroom soy mucho menos esclavo de Photoshop que antes, pero aún así es tedioso. La fotografía digital iba a liberarnos de los tedios del carrete, pero la verdad es que perdemos aún más tiempo que antes, y no precisamente haciendo fotos. Siento que me he desviado de mi camino, que era aprender a hacer fotografías, y utilizo mi cámara como una ametralladora para después adulterar los resultados que no me satisfacen con la esperanza de hacer que merezcan la pena. Me niego a seguir por este camino y he decidido tomarme la fotografía de manera más relajada, pensar 2 veces antes de disparar y conseguir expresarme a través de mis fotografías en vez de ser un mero capturador de imágenes. Como resumen de todo esto, he aquí una lista de las cosas que he aprendido:

  • Menos es más. Cuantos menos cacharritos, lentes, filtros, flashes, parasoles y pijadas lleves encima, más tiempo tendrás para preocuparte de lo que realmente importa: lo que ves a través del objetivo. Cuanto más peso lleves encima, peor. Cuanto más grandes las lentes y objetivos, menos te apetecerá cargar con ellos. ¡Aprende a minimizar tu equipo!
  • Tu cámara no importa. Es un error fatal pensar que con una cámara más moderna o con mejores prestaciones técnicas o megapixels vamos a hacer mejores fotos. Podremos capturar imágenes más grandes, más veces por segundo, con menos ruido o más nitidez, tener mejores sistema de enfoque… pero nada de eso tiene que ver con hacer fotografías interesantes. Algunas de las mejores fotografías de la historia fueron hechas hace 30 años con cámaras y objetivos totalmente manuales, de prestaciones técnicas que hoy en día consideraríamos inadmisibles.
  • Tu equipo no es el problema en el 99% de los casos. Es lógico echar la culpa a la cámara o al objetivo si las fotos no salen como queremos, pero la tecnología ha llegado hasta tal punto que la probabilidad de un error humano es mayor que la de un fallo mecánico. Tu cámara y tu objetivo forman parte de la ecuación de la fotografía, pero tu técnica es la variable con mayor peso en el resultado final. Si crees que hay un problema, asegúrate de no ser tu mismo la causa antes de llamar al servicio técnico.
  • Olvídate de esa siguiente lente que deseas. No vas a hacer mejores fotos con un objetivo de 1000€, y cuanto menos tiempo pierdas pensando en ello más tiempo tendrás para sacar lo máximo de tu equipo, hacer buenas fotografías y mejorar tu técnica. Algunos fotógrafos inmortales y muchos profesionales tienen 2 o 3 lentes a lo sumo, y no se preocupan por nada más. Aprende a utilizar tu equipo actual hasta que consigas resultados satisfactorios constantemente y controles tu cámara de manera inconsciente. Cuando sientas que dominas tu equipo pero te veas limitado para seguir mejorando, entonces es el momento de cambiar.
  • Las mochilas son una pérdida de tiempo, dinero y fotos. Si quieres asegurarte de tener la lente incorrecta en tu cámara cuando más la necesites o perder buenas fotos por estar agachado rebuscando algo entre tu equipo, lleva siempre contigo una mochila cargada de lentes. Llevar todo nuestro equipo encima es tentador porque nos da la seguridad de estar preparados para cualquier oportunidad fotográfica, cuando en realidad ocurre todo lo contrario y pasamos más tiempo pensando en lo que hay dentro de la mochila que lo que hay a nuestro alrededor.
  • Haz el tipo de fotografía que vaya con tu estilo. Muy poca gente es buena en cualquier disciplina fotográfica, y muy poca gente conoce sus puntos fuertes. La fotografía digital es muy bonita porque nos permite experimentar muchas cosas y hacer fotos de muchas maneras gracias a los potentes y versátiles zooms actuales (que son cojonudos para viajar, todo hay que decirlo). Pero esto también puede convertirse en una distracción al haber tantas variables disponibles a nuestro alcance. Mi consejo es que observes tus propias fotos, descubras tus puntos fuertes, lo que más te gusta hacer o que consigues con mayor facilidad e inviertas tiempo y si es necesario dinero en ellos. Si lo tuyo es el retrato cómprate un buen libro y, si lo necesitas, una buena lente que te ayude a conseguir mejores fotos. Si lo tuyo es el macro, lo mismo. No todos vemos el mundo de la misma manera, y por ello no lo retratamos de la misma forma.
  • Después de la cámara, la mejor inversión que puedes hacer para mejorar tus fotos es un buen libro. Yo siempre recomiendo “Understanding Exposure“, de Brian Peterson, por la sencillez y claridad con la que explica sus ideas (desconozco si existe en español) y sus excelentes fotos. Lo siguiente es una segunda batería para tu cámara, pues no hay nada peor para hacer fotos que una cámara sin pilas. Lo tercero un flash (todas las marcas tienen unidades pequeñas en torno a los 120€, como el SB-400 de Nikon, ligeras y suficientes para interiores y relleno), la forma más sencilla de dar una nueva dimensión a tus fotos de interior (ver un buen ejemplo). Lo cuarto, mucho antes de una nueva lente o una nueva cámara, es viajar. Si quieres mejorar tu fotografía mi consejo es que inviertas en viajes, y no en lentes. Un viaje de 1000€ a un lugar exótico te proporcionará muchos más momentos fotográficos interesantes que una lente de 1000€ en tu barrio.
  • Una cámara decente en tu bolsillo hace mejores fotos que una cámara de 5.000€ en tu casa. Llevar una réflex a cuestas siempre es un coñazo, así que si estás harto de perder momentos de tu vida cotidiana, lleva siempre encima una cámara compacta. Y ya que estás, aprende a usarla, sin prejuicios. Cualquier cámara compacta puede hacer fotos espectaculares en manos de un buen fotógrafo.

Durante estos 2 años he hecho 50.000 fotos, como decía, y diría que en torno al 10% merecen la pena. Espero que ese porcentaje mejore a partir de ahora. De ese 10% he hecho una pequeña selección de las que más me gustan, que espero que disfrutéis. Os dejo con ellas.

Abrazos del de siempre.

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