El ser humano vuelve a superarse

Desde siempre me han gustado las Olimpiadas, en particular el atletismo y la gimnasia artística. Recuerdo que durante Barcelona ’92 vivía pegado a la tele. Fue todo un acontecimiento para mí, aunque siempre he sido incapaz de hacer 40 flexiones seguidas y me muero al pegar una carrera de aquí al bar de la esquina. Pero independientemente de mi incapacidad física, hay que reconocer que esto del atletismo y la gimnasia es un arte, el arte de convertir el cuerpo humano en una perfecta máquina de precisión que permita a su dueño realizar hazañas imposibles, superando no solo sus propios límites, sino los de toda una raza.
Para mí esta gente tiene mucho más mérito que las reinonas de los futbolistas, por ejemplo, cuyas soporíferas e intrascendentes declaraciones sobre el éter inundan los espacios deportivos en prensa, radio y televisión, como si el mundo acabase ahí. Si por lo menos la cosa quedase en lo deportivo tendría un pase, pero parece ser que también tenemos que enterarnos de con quién se acuesta cada uno o, cuidado con las carteras, cómo malgastan su tiempo libre.
Un atleta o un gimnasta se prepara estrictamente durante años para luchar por algo importante un par de docenas de veces en toda su vida, y eso con suerte. Si tiene un mal día o se lesiona en unas Olimpiadas o un Mundial tiene que esperar 4 años más. Un futbolista de élite de los de ahora puede permitirse el lujo de irse de putas la noche antes de un partido, pues tiene a otros 10 capullos compañeros a su alrededor (que probablemente cobren menos que él) que se encargarán de sacarle las castañas del fuego al equipo. Y si pierden un partido no pasa nada, ya lo arreglarán la semana siguiente. Es una vergüenza ver a gente que cobra cantidades indecentes de dinero por pegar patadas a un cacho de cuero batirse el cobre únicamente cuando hay partido de Liga de Campeones, de la Eurocopa o del Mundial. Para un atleta o un gimnasta de élite, la mayoría de los torneos son Liga de Campeones.
Por eso cuando veo a un prodigio físico como Usain Bolt reventar de manera obscena su propio récord mundial de los 100 metros lisos, o cuando he contemplado a otros genios como El Gerrouj, Elena Isinbayeva o Alexei Nemov realizar hazañas o batir sus récords una y otra vez, como si su espíritu de superación no tuviese límites, no puedo evitar que una sonrisa se dibuje en mi cara pensando que quizás después de todo haya esperanza para la humanidad, pues si no nos rendimos y luchamos por nuestros sueños podemos lograr cualquier cosa que nos propongamos.
Luego enciendo la tele o abro un periódico y la realidad se encarga de bajarme de mi nube, por supuesto. Aquí lo que importa es la rivalidad Madrid – Barcelona, si Alonso corre o se queda en Suiza evadiendo impuestos, quién es la nueva zorrita de CRpi² o las importantísimas declaraciones del político de turno del PPSOE sobre si aceptar una mamada es corrupción o si la abuela fuma. Pero bueno, hoy esta sonrisa de momento no me la quita nadie, y espero que a vosotros tampoco:
Buenas noches.









