Croacia III: Brela y Tucepi
Y fue entonces, de camino a la costa por fin, cuando nos encontramos con unas autoestopistas en la gasolinera. Iban en dirección a Dubrovnik y tenían pinta de llevar dos días sin ducharse. Entre 18 y 20 años. Una era rubia y hablaba buen inglés, y a la otra no le entendí una palabra. Chapurreaba algo eslavo con la otra, parecía gótica o algo así y de sus perennes auriculares emanaba algo parecido al black metal o algún otro género con dobles bombos cual ametralladoras. Total, que tras hablar un rato le pregunté a la rubia cómo de desesperadas estaban, y me dijo que bastante. Eran las 22h de un sábado, en mitad de la nada, y las imaginé durmiendo en el water de aquella gasolinera y me dije, qué coño, vamos a hacer la buena obra del día. Le comenté que podía acercarlas a Brela, se lo tradujo a su amiga y me dijeron que OK. Pagué la gasolina, empacamos sus mochilas y una guitarra y nos adentramos en la noche croata.
Fue entonces cuando empezó la verdadera diversión. Mi GPS decidió llevarnos por carreteras secundarias y puertos de montaña, y lo que parecía a priori un placentero paseo por la costa se convirtió en una oscurísima excursión por la montaña. Nuestras amigas no hablaban mucho, y yo tampoco: estaba demasiado concentrado intentando no matarme por aquellas carreteras. Finalmente las abandonamos a su suerte en otra gasolinera, y pensé que su situación no era mucho mejor que hacía un par de horas. Simplemente había alterado la situación de los retretes en los que tendrían que dormir, pero decidí que aquello escapaba a mi control. Igual que cuando damos 2 euros a un perroflauta en el metro o a un morenito a la salida del supermercado, hay que intentar trazar una línea y no darle más vueltas a la cuestión. Así que aunque estaba un poco preocupado por aquellas desconocidas, no era culpa mía que estuviesen en aquel carajal. Había hecho lo que había podido. Les deseé suerte y nos fuimos a casa.
Dilemas morales aparte, lo pasamos muy bien en la costa. Por fin pudimos bañarnos y el agua no sólo estaba increíble, es que parecía recién sacada de algún lavabo. En mi vida he visto playas tan limpias y cuidadas como las de la zona de Makarska Riviera. No en vano tienen una bandera azul de la Comunidad Europea. El paraíso, vaya. Fueron 2 días de descansar, tomar el sol, bañarse, comer, dormir, pasear, hacer fotos y leer a Bukowski. La vida como debería ser en vacaciones.
La mañana del último día, tras abandonar la casa y sus habitantes, iniciamos nuestra particular caza de brujas playera. Primero seguimos el rastro de una playita de la que Olga había oído hablar, y lo que iba a ser un chapuzón rápido se convirtió en una excursión de un par de horas por la montaña, salvo que sin el equipo ni calzado adecuados. Tras un par de sustos intentando descender por la ladera decidimos no seguir jugándonos la vida y buscar otro sitio menos arriesgado para mojarnos el culo. Teníamos la opción de bañarnos en las playas locales que ya conocíamos, pero prevaleció el espíritu aventurero y nos dirigimos a la cercana región de Tucepi, en busca de una “playa” (por llamarla de alguna manera) que no aparece en ningún mapa y de la que habíamos visto fotos en un foro. Era básicamente una apertura de unos 3 metros entre las rocas que forman la costa, y yo había encontrado su supuesta posición GPS tras rastrear la costa de Makarska en Google Maps y encontrar algo que parecía ser una playa. Con tales premisas yo no tenía muchas esperanzas, pero al final nuestro tesón de toda la mañana se vio recompensado y dimos con ella, saciando con creces nuestros deseos de bañarnos en un sitio muy especial y alejado del mundanal ruido. He aquí un vídeo que espero os ayude a comprender la belleza del lugar:
Cuando llegamos sólo había un par de lugareños, que se fueron al rato. No vimos más de 4 seres humanos asomar la cabeza por allí el resto del día, y ninguno parecía tener ánimos de bañarse. Aquello nos pareció un secreto muy bien guardado más que una playa… y no nos pareció mal en absoluto. Hicimos muchas fotos, tomamos el sol, leímos y, por supuesto, nos bañamos. El agua estaba increíble, aunque empezaba a hacer un poco de frío. Yo incluso me bañé desnudo, una experiencia que recomiendo a todo el mundo porque la sensación de libertad es sencillamente tremenda. Tal como yo imaginaba, ¡los nudistas saben lo que se hacen!
Antes de continuar nuestro viaje y partir hacia Dubrovnik decidimos cenar, y encontramos un sitio perfecto con unas vista privilegiadas y unos precios razonables. La comida era cojonuda, la vista maravillosa y la compañía inmejorable. ¿Qué más se puede pedir? Mientras lo pensáis os dejo con las fotos. Espero que os gusten tanto como a nosotros nos gustó hacerlas.
Salud y buenas noches.










“Yo incluso me bañé desnudo”
E… tío, la línea no se pulsa
Foto de mi baño en pelotas añadida por petición popular…
Coño tio, con lo que te has tapado ahí no se sabe si te estás tapando el reflejo o una “Anaconda” jajaja.
Que reflejo ni reflejo? Es que el agua es transparente! xDD