Discazos de la hostia: El Inferno (2000)
Hamlet son, sin lugar a dudas, mi grupo favorito de metal en español. Es uno de esos grupos que o te gusta o lo odias, pues todo en esta vida es discutible, pero de lo que no hay duda es de que se han ganado el respeto de todo el mundo a base de trabajo duro, constancia y fe en sí mismos.
Musicalmente siempre han sido bastante limitados. Sus estructuras son bastante simples y se permiten pocos alardes técnicos (a excepción de Paco Sánchez, el batería, que me recuerda al mítico John Stanier por lo simple pero efectivo y pegadizo de su estilo, que hace que te entren ganas de coger un par de bolis a modo de baquetas y empezar a reventar la mesa a golpes). Lo que define la música de este grupo es la extremada sencillez con que sus guitarristas componen riffs memorables, la fuerza y pasión con la que transmiten su mensaje y su inconfundible sonido, pulido a lo largo de los años y reconocible en apenas un par de compases. Existen muy pocos grupos que puedan presumir de tener un sonido propio e inconfundible, y este quinteto madrileños puede estar orgulloso de ello.
Hamlet no es un grupo demasiado original. No son unos genios musicales ni unos magos de sus instrumentos. Son un grupo de currantes de la música que en la época en que se grabó este álbum, para mí la obra cumbre de su carrera, se encontraba en el pico de su creatividad, explorando el límite de sus capacidades. Son 11 canciones de temática personal, con letras interesantes que cada uno interpretará a su manera (algunas son auténticos himnos de la música heavy española que, por desgracia, muy poca gente conoce), y sin ningún tipo de material de relleno. El sonido es sensacional, potente y claro, con auténticos muros de guitarras distorsionadas marca de la casa, un Molly que apenas puede contenerse y un batería en estado de gracia que, lejos de alardear o intentar exhibirse, toca por y para ayudar a la canción y en cuyos hombros se apoya el resto del grupo para lanzar su mensaje con la mayor fuerza posible.
El resultado es uno de los mejores discos de música heavy que han salido de este país, simple pero directo y efectivo como un puñetazo en la cara, con una fuerza y una pasión que por desgracia no es demasiado común encontrar en este país. Si tuviera que definirlo en una palabra elegiría honestidad. El Inferno es un disco de música honesta y con un mensaje claro, compuesto por gente que no pretendía otra cosa que ser ellos mismos y llegar a su público de la manera más apasionada posible, sin vender nada ni engañar a nadie.
Formación:
- Paco Sánchez (batería)
- Augusto Fernández (bajo)
- Luis Tárraga (guitarra)
- Pedro Sánchez (guitarra)
- J. Molly (voz)
Canciones preferidas: Vivir es una ilusión, No soy igual, Perdóname, No me arrepiento, Mi nombre es yo.









