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Croacia V: Zagreb

Zagreb marcó el comienzo y el final de nuestro viaje, como ya sabéis, aunque ninguno de nosotros estaba tremendamente interesado en conocer la capital. El motivo es el más viejo del mundo: los aviones eran más baratos hasta allí. Así que decidimos volver un par de días antes de nuestro vuelo de vuelta. Un día lo consumiríamos volviendo desde Dubrovnik, y el otro visitando la ciudad. Tras unas 7 horas de viaje (y 20 eurazos de peajes) localizamos nuestra casa, a unos 20 minutos del centro, y tras desempacar fuimos a devolver el coche al aeropuerto. No echaré de menos ese montón de chatarra, al que no le funcionaban bien los intermitentes y cuya cerradura del maletero se rompió durante el último viaje. Tuvimos que sacar nuestras maletas abatiendo los asientos de atrás.

La mañana del último día nos recibió con lluvia, y por primera vez en todo el viaje no pudimos ver el cielo. Además, la temperatura era sensiblemente menor que en la costa, así qeu sacamos nuestras chaquetas. Como no tenía muchas ganas de mojar la réflex ni de aburrir mucho a Olga el último día, metí mi compacta en un bolsillo y tras desayunar nos dirigimos al centro. Allí buscamos una oficina de turismo y nos hicimos una ruta que venía en un plano, viendo las cosas más turísticas de manera relajada, aunque sin la excitación de otras ocasiones. De todas formas a mí Zagreb me pareció una ciudad bonita y con encanto, con mucha vida en las calles, gente agradable, educada y políglota y unas hermosas iglesias que merece la pena visitar. Todo era una mezcla curiosa entre el estilo soviético de Polonia y el estilo Mediterráneo de España o Italia, amén de alguna que otra cosa rara. Al final del día me sentía afortunado y contento de haber podido visitarla.

Pero antes de eso, decidimos darnos un último gusto y fuimos a cenar a un restaurante muy particular. Nos lo había recomendado una dependienta de una tienda de cosméticos, que al oírnos hablar nos preguntó si aquello era español, y con la que mantuvimos una agradable conversación. El sitio era bonito y recogido, y toda la comida de origen natural y cosecha propia, sin conservantes, colorantes u otras guarrerías. No eran vegetarianos, aunque tenían menús compuestos únicamente por verduras y los recomendaban, y la carne (cerdo y ternera, si no recuerdo mal) era de su propio ganado. Fueron unos 40€ si no recuerdo mal, y todo estaba delicioso. No sin razón el sitio ostentaba el título de mejor restaurante de la ciudad en años anteriores.

Tras cenar volvimos a casa y empacamos todo. La mañana siguiente fue dura, como siempre es. Mientras esperábamos al avión terminamos de leer Cartero, y contra todo pronóstico y a pesar de los tacos y el dudoso estilo de vida de Chinaski, a Olga le gustó mucho, así que le dediqué el libro y se lo regalé. Ya dentro del aeropuerto buscamos algo de bebida en el Duty Free, y compramos un par de botellas de Grapa (brandy local), aunque el capullo que me cobró no selló mi bolsa y tuve que tirar la botella en Frankfurt, porque no me dejaban pasar el control de pasajeros con una bolsa abierta. A Olga le compré un peluche de un pingüino, cosa que le encantó, y decidimos llamarlo Buka (diminutivo ruso de Bukowski).

Finalmente llamaron a los pasajeros de su vuelo. El mío saldría una hora más tarde. Nos despedimos con lágrimas en los ojos, y la promesa silenciosa de volvernos a ver. Ella se llevó un pequeño trozo de España consigo, y a mi me dejó una pequeña parte de Rusia en mi corazón. El avión despegó y yo me fui al baño a lavarme la cara. Era hora de sonreír. Había sido un buen viaje, y la vida continuaba.

Hasta la próxima y, como siempre, gracias por leernos.

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Croacia IV: Dubrovnik

Tras el fiasco del GPS en nuestro último desplazamiento, esta vez decidimos prescindir del cacharro y guiarnos mediante SentidoComún™. Nos costó un poco encontrar la casa, pues estaba en plena curva de una carretera de montaña y de noche no se veía un pimiento, y aún tras dar con ella nos resultó complicado encontrarla las siguientes veces. El piso era una chulada, con una terraza que ofrecía unas vistas impresionantes, y una playa privada construída con un par de planchas de hormigón en plena roca. Era impresionante estar nadando y ver pasar un gigantesco ferry a 200m. Tan cerca estábamos del trayecto de los barcos que la zona de baño estaba delimitada por boyas, para que nadie se pasase. El agua no estaba tan limpia como en Brela, pero cubría muchísimo más. He aquí un vídeo de la playa:

Nuestra estancia en Dubrovnik fue muy tranquila y agradable, disfrutamos de un clima estupendo y dedicamos la mayor parte del tiempo a comer, escuchar música (sintonizamos el canal Mezzo por satélite) leer, nadar, descansar y tomar el sol. La verdad es que era un privilegio estar cenando tranquilamente, escuchando música y contemplando estos tremendos atardeceres frente a nosotros:

Por supuesto también visitamos el casco histórico (aunque de noche) y aprovechamos para comprar souvenirs antes de nuestro regreso a la capital, Zagreb, la última parada de nuestro periplo. Pero ya hablaremos de eso más adelante. Ahora os dejo con las fotos:

Un saludo.

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Croacia III: Brela y Tucepi

Y fue entonces, de camino a la costa por fin, cuando nos encontramos con unas autoestopistas en la gasolinera. Iban en dirección a Dubrovnik y tenían pinta de llevar dos días sin ducharse. Entre 18 y 20 años. Una era rubia y hablaba buen inglés, y a la otra no le entendí una palabra. Chapurreaba algo eslavo con la otra, parecía gótica o algo así y de sus perennes auriculares emanaba algo parecido al black metal o algún otro género con dobles bombos cual ametralladoras. Total, que tras hablar un rato le pregunté a la rubia cómo de desesperadas estaban, y me dijo que bastante. Eran las 22h de un sábado, en mitad de la nada, y las imaginé durmiendo en el water de aquella gasolinera y me dije, qué coño, vamos a hacer la buena obra del día. Le comenté que podía acercarlas a Brela, se lo tradujo a su amiga y me dijeron que OK. Pagué la gasolina, empacamos sus mochilas y una guitarra y nos adentramos en la noche croata.

Fue entonces cuando empezó la verdadera diversión. Mi GPS decidió llevarnos por carreteras secundarias y puertos de montaña, y lo que parecía a priori un placentero paseo por la costa se convirtió en una oscurísima excursión por la montaña. Nuestras amigas no hablaban mucho, y yo tampoco: estaba demasiado concentrado intentando no matarme por aquellas carreteras. Finalmente las abandonamos a su suerte en otra gasolinera, y pensé que su situación no era mucho mejor que hacía un par de horas. Simplemente había alterado la situación de los retretes en los que tendrían que dormir, pero decidí que aquello escapaba a mi control. Igual que cuando damos 2 euros a un perroflauta en el metro o a un morenito a la salida del supermercado, hay que intentar trazar una línea y no darle más vueltas a la cuestión. Así que aunque estaba un poco preocupado por aquellas desconocidas, no era culpa mía que estuviesen en aquel carajal. Había hecho lo que había podido. Les deseé suerte y nos fuimos a casa.

Dilemas morales aparte, lo pasamos muy bien en la costa. Por fin pudimos bañarnos y el agua no sólo estaba increíble, es que parecía recién sacada de algún lavabo. En mi vida he visto playas tan limpias y cuidadas como las de la zona de Makarska Riviera. No en vano tienen una bandera azul de la Comunidad Europea. El paraíso, vaya. Fueron 2 días de descansar, tomar el sol, bañarse, comer, dormir, pasear, hacer fotos y leer a Bukowski. La vida como debería ser en vacaciones.

La mañana del último día, tras abandonar la casa y sus habitantes, iniciamos nuestra particular caza de brujas playera. Primero seguimos el rastro de una playita de la que Olga había oído hablar, y lo que iba a ser un chapuzón rápido se convirtió en una excursión de un par de horas por la montaña, salvo que sin el equipo ni calzado adecuados. Tras un par de sustos intentando descender por la ladera decidimos no seguir jugándonos la vida y buscar otro sitio menos arriesgado para mojarnos el culo. Teníamos la opción de bañarnos en las playas locales que ya conocíamos, pero prevaleció el espíritu aventurero y nos dirigimos a la cercana región de Tucepi, en busca de una “playa” (por llamarla de alguna manera) que no aparece en ningún mapa y de la que habíamos visto fotos en un foro. Era básicamente una apertura de unos 3 metros entre las rocas que forman la costa, y yo había encontrado su supuesta posición GPS tras rastrear la costa de Makarska en Google Maps y encontrar algo que parecía ser una playa. Con tales premisas yo no tenía muchas esperanzas, pero al final nuestro tesón de toda la mañana se vio recompensado y dimos con ella, saciando con creces nuestros deseos de bañarnos en un sitio muy especial y alejado del mundanal ruido. He aquí un vídeo que espero os ayude a comprender la belleza del lugar:

Cuando llegamos sólo había un par de lugareños, que se fueron al rato. No vimos más de 4 seres humanos asomar la cabeza por allí el resto del día, y ninguno parecía tener ánimos de bañarse. Aquello nos pareció un secreto muy bien guardado más que una playa… y no nos pareció mal en absoluto. Hicimos muchas fotos, tomamos el sol, leímos y, por supuesto, nos bañamos. El agua estaba increíble, aunque empezaba a hacer un poco de frío. Yo incluso me bañé desnudo, una experiencia que recomiendo a todo el mundo porque la sensación de libertad es sencillamente tremenda. Tal como yo imaginaba, ¡los nudistas saben lo que se hacen!

Antes de continuar nuestro viaje y partir hacia Dubrovnik decidimos cenar, y encontramos un sitio perfecto con unas vista privilegiadas y unos precios razonables. La comida era cojonuda, la vista maravillosa y la compañía inmejorable. ¿Qué más se puede pedir? Mientras lo pensáis os dejo con las fotos. Espero que os gusten tanto como a nosotros nos gustó hacerlas.

Salud y buenas noches.

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Croacia II: Ciovo, Trogir, Hvar y Split

Después de nuestra visita a los lagos nos fuimos en coche hacia la costa y nuestro apartamento en la pequeña isla de Ciovo, muy cerquita de Trogir. Allí conocimos a los Zakulin, una encantadora pareja croata de mediana edad que hizo que nos sintiéramos realmente a gusto, empezando por ir a buscarnos con su coche cuando no encontrábamos la casa al llegar, a regalarnos un bol de uvas de su propia cosecha (del que dimos buena cuenta), mapas e indicaciones para visitar la zona y una botella de Grapa (un licor de uva) casero que bien podrían habernos vendido por 5 o 10 euros. La casa era fantástica y tenía unas vistas bastante interesantes:

No está mal para costar menos de 15€ por persona y día, ¿verdad? La verdad es que el precio del alojamiento es lo mejor de Croacia. Desde Ciovo visitamos la cercana Trogir, en particular la antigua ciudadela y el puerto, fundada hace 2300 años por los griegos y que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Allí probamos por primera vez las delicias locales: crema de champiñón, risotto negro y calamares fritos. No fue especialmente barato, 13€ al cambio cada uno, pero estábamos pegados al puerto y todo estaba riquísimo. Los precios eran todos parecidos por la zona. Comer no es la cosa más barata en Croacia, al menos en esta etapa económica.

Olvidé mencionar un detalle interesante, y es que al ser la isla tan pequeñita las casas se construyen de manera escalonada por las laderas de la montaña, lo que provoca que haya que subir unas considerables cuestas para acceder a ellas. Antes de subir la primera vez el dueño me hizo señas para que subiera en primera marcha, por si acaso no me percataba yo mismo de ello. Y es que hubiera sido imposible subir de otro modo, al menos con nuestro coche. Incluso así era difícil no derrapar, y el motor sonaba como si lo estuvieran estrangulando. En el siguiente vídeo podéis ver el descenso, que no es tan impresionante como la subida pero puede servir para haceros una idea de la brutal pendiente que allí había (vídeo de Olga, para sus fans):

A la mañana siguiente empacamos y tras una calurosa despedida de los dueños, saludos al aire mientras nos alejábamos incluídos, nos dirijimos hacia Split. Allí aparcamos un poco lejos del puerto para no pagar parking y cogimos un ferry hacia la “cercana” isla de Hvar. Y entrecomillo lo de cercana porque tardamos 2 horitas en llegar. El ticket costó alrededor de 40 kunas (unos 6€), si no recuerdo mal, y después tomamos un autobús que nos llevó a la ciudad, otras 25 kunas (unos 3.5€). Sí, el transporte es otra de las cosas no particularmente baratas de Croacia. Hvar resultó ser una pequeña y encantadora ciudad con una curiosa plaza-puerto bañada por el mar (parecido a Cudillero, pero no tan a lo bestia), con cristalinas aguas y un laberinto de callejuelas en las que olía a vino (tierra de viticultores, por lo que vimos). Allí compramos unos pequeños saquitos de lavanda para la familia, por 5 kunas (menos de 1€). Los mismos saquitos costaban 30 kunas en Dubrovnik, como descubriríamos unos días más tarde. Lo que no costaba menos que en Dubrovnik era la comida, y de hecho ese día no comimos, entre indignados e incrédulos. En fin, tras pasar unas horitas allí cogimos el autobús y ferry de vuelta, en el que compramos un par de sandwiches, y dimos una vuelta rápida por la estupenda Split, ya sin luz natural. Fue una lástima, pues contábamos con tener más tiempo para visitarla, pero las 2 horas de viaje en ferry nos mataron. Lo peor era ver como las lanchas rápidas nos adelantaban una y otra vez, en lo que debía ser una travesía de menos de media hora. Nosotros tomamos los mega-barcos con capacidad para coches, muy amplios y cómodos pero también muy lentos. Un detalle a tener en cuenta por próximos viajeros. Pero bueno, al menos tuvimos la oportunidad de ser testigos de una boda local cerca de una de las entradas al casco histórico, y de un curioso recibimiento nocturno a los novios con bengalas rojas.

Es todo. Dentro de unos días os contaremos un poquito más. Ahora os dejo con las fotos, espero que las disfrutéis:

Saludos.

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De vuelta de Croacia

croacia2009

Como algunos ya sabréis, tras los problemillas que impidieron nuestro viaje a Asturias (Spanish government fucking sucks) decidimos ir a Croacia, siguiendo los consejos del tío foo. Y la verdad es que para ser un destino no deseado, o al menos no nuestra primera opción, hemos vuelto más que contentos. Mucho más, de hecho. Tal como yo lo veo, Croacia es una perla a descubrir, no demasiado masificada, con una bonita naturaleza y unas playas alucinantes, un clima casi veraniego a finales de septiembre, muchos lugares de interés, gente agradable y acogedora y muchas facilidades para los turistas (casi todo el mundo habla inglés). Los precios son bastante competitivos y es posible alquilar apartamentos completos por 15€ por persona y día (si se busca un poco) con increíbles vistas al mar y en algunos casos playitas privadas.

A nuestra espalda quedaron el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice (patrimonio de la Unesco), Trogir y la isla de Ciovo, Split, la isla de Hvar, Brela, Tucepi, Dubrovnik y la capital, Zagreb. En total 1,424 km recorridos en un vetusto Opel Corsa que ciertamente no voy a echar de menos, y 2000 fotografías y una docena de vídeos que sirven de testimonio de nuestro viaje. En esta ocasión he decidido no retocarlas en exceso, pues me apetece mostrarlo todo tal cual ocurrió, sin trampa ni cartón. Que sean las fotos las que hablen de mis cualidades o carencias como fotógrafo.

Fue un viaje honesto y necesario, en un momento complicado de las relaciones entre dos personas que se quieren. El sentimiento que me queda es positivo, de alegre calma y optimismo por el futuro. Tengo un renovado, profundo cariño y respeto por la gran persona que es Olga, por su forma de ser y de afrontar la vida. Es una alegría tenerte en mi vida y un privilegio poder compartir todos estos momentos contigo. Te quiero y te echo de menos, peque.

Os dejo con las fotos del primer día, la visita al Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, un lugar precioso que es visita obligada para todos los amantes de la naturaleza que planeen visitar Croacia. Nosotros hicimos una de las rutas más largas, entre 4 y 6 horas con desplazamiento en barco entre los lagos, y nos encantó. El precio fue de 110 Kunas (unos 15€, con desplazamientos en autobús y barco incluídos) para mí y la mitad (55 Kunas) para Olga por tener tarjeta internacional de estudiante (ISIC). Pero primero os mostraré un vídeo que grabó Olga :)

¡Un saludo a todos y que disfrutéis de las fotos! Ya iré poniendo más en el futuro.

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